Avem

El último vuelo fue agotador y aún me quedaban varias escalas. Mi cuerpo pedía a gritos un lugar donde poder descansar unas horas. La chica de recepción me aseguró que en el hotel encontraría una excelente carta de almohadas y aguas. Cuando me levante no pude evitar preguntar por la cama donde había dormido.

«Hasta pronto», le dije al botones que me acompaño hasta la puerta.

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